El catálogo lo amplía la tienda
Añadir una montura es meter su modelo en la carpeta del catálogo: la
aplicación la recoge en el siguiente arranque, sin pasar por nosotros
y sin actualizar el programa. Una óptica puede tener en el probador
referencias que no ha comprado nunca.
Capturas para comparar
Una foto por montura, en una tira que se ve de un vistazo. Es la
función más usada del programa: casi nadie decide mirándose de una en
una, y un espejo no permite ver dos monturas a la vez. Los archivos se
guardan en el disco de la tienda, no en un álbum en la nube.
Sin subir la cara a ningún sitio
La malla facial se calcula en el equipo de la tienda y se descarta al
cerrar. No hay identificación biométrica, no se guarda ningún patrón
de rostro y no hace falta consentimiento para tratar datos que no se
llegan a almacenar. Se comprueba desenchufando la red: sigue
funcionando igual.
Arranca con doble clic
Aplicación de escritorio empaquetada. Sin instalar servidores,
navegadores ni dependencias en el ordenador de la óptica.
Ajuste manual
Cuando una cara se sale de lo común, el dependiente puede corregir la
posición a mano en un segundo, sin pelearse con el sistema.
Qué se prueba y qué se vende
El registro separa las dos cosas, que no son la misma: hay monturas que
todo el mundo se prueba y nadie compra. Con esa diferencia sobre la
mesa, la óptica decide qué merece sitio en el escaparate y qué pedir
al proveedor.