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Velion

El cliente se ve con las gafas puestas antes de que existan en la tienda. Detección de rostro, cálculo de posición y montura en 3D sobre la imagen, en tiempo real.

Prueba virtual Catálogo 3D 100 % local
Sector
Óptica y retail
Problema
Probar sin stock
Entrada
Webcam del mostrador
Estado
En operación

El problema

Una óptica no puede tener en el escaparate todo lo que vende

El catálogo de un proveedor tiene cientos de monturas. En la tienda caben unas pocas decenas. El cliente elige entre lo que puede probarse, no entre lo que existe — y lo que no está expuesto, sencillamente no se vende.

Encargar una montura para que alguien la vea es caro y lento. Y una foto del catálogo no sirve: nadie compra unas gafas sin saber cómo le quedan en su cara.

Lo que hay que resolver para que quede bien

Posición
Entre los ojos, a la altura del puente
Escala
Según la distancia entre pupilas
Rotación
Sigue la inclinación de la cabeza
Profundidad
Las patillas pasan por detrás

Si alguna de las cuatro falla, el cerebro lo nota aunque no sepa decir por qué: las gafas dejan de parecer puestas y pasan a parecer pegadas.

Cómo funciona · 1

Encuentra el rostro

La cámara del mostrador localiza la cara y los ojos en cada fotograma. Es la referencia sobre la que se apoya todo lo demás, y tiene que aguantar que el cliente se mueva, se gire y se ría.

Cómo funciona · 2

Toma las medidas

De la posición de los ojos salen la distancia entre pupilas, la inclinación de la cabeza y la escala. Son los tres números que deciden si la montura se verá puesta o pegada encima.

Cómo funciona · 3

Coloca la montura

Un modelo 3D real de las gafas se sitúa en la escena con esa posición, escala y rotación, y se compone sobre el video. Cambiar de montura es cambiar el modelo: el resto del cálculo no se toca.

Cómo funciona · 4

Y se compara

El cliente pasa por el catálogo entero en un minuto, se guarda capturas de las que le convencen y las ve una al lado de otra. La decisión deja de depender de lo que hubiera en stock ese día.

La tecnología en uso

Velion, en una óptica

La montura se cambia sin tocar nada: se mantiene la mano sobre el icono y el catálogo avanza. Detrás del cliente se ve la tienda, porque la cámara es la del propio mostrador.

Velion · sesión real

Grabación de una sesión real de Velion, filmada de la pantalla del mostrador.

Se maneja con la mano

Mantener la palma sobre «anterior» o «siguiente» pasa de montura. El cliente no toca el equipo y el dependiente no tiene que ir y volver al teclado cada vez.

El panel es para la tienda

Modelos, receta, distancia interpupilar y captura quedan a un lado, fuera del espejo. Quien mira la pantalla ve su cara, no una interfaz.

Y la foto sale de ahí mismo

«Tomar foto» guarda la montura puesta para compararla luego. Con la captura automática, el sistema la dispara cuando el rostro está quieto y centrado.

El catálogo

Cada montura es un modelo, no una foto

Por eso se puede ver desde cualquier ángulo y por eso las patillas pasan por detrás de la cabeza. Gira esta y cámbiale la forma: es el mismo objeto que la aplicación coloca sobre el rostro del cliente.

Las formas que entiende el ajuste

No es una lista de adornos: cada silueta cambia dónde apoya el puente y cuánto tapa el aro, que son los dos números que deciden si la montura se ve puesta o pegada encima.

Redonda

48 □ 21 · 145

Cuadrada

54 □ 18 · 145

Aviador

58 □ 14 · 140

Ojo de gato

52 □ 17 · 140

Hexagonal

50 □ 20 · 145

Al aire

53 □ 19 · 140

En el mostrador

Una prueba dura menos que sacar la montura de la vitrina

El objetivo no era hacer un juguete de realidad aumentada, sino quitar fricción a una conversación de venta que ya existe. Estos son los cuatro minutos reales de uso.

1 · El cliente se sienta y se ve

La webcam del mostrador se abre con la aplicación. No hay que registrarse, ni instalar nada en el móvil del cliente, ni pedirle que se descargue una app para probarse unas gafas.

2 · Se recorre el catálogo con un clic

Cada montura se carga al instante porque es un modelo ligero, no una foto de estudio. Entran también las que el proveedor tiene en catálogo y la tienda no ha comprado nunca.

3 · El dependiente corrige si hace falta

Cuando una cara se sale de lo común —puente muy bajo, gafas sobre gafas, alguien que no para quieto— hay un ajuste manual a mano. Convierte el caso raro en una molestia de dos segundos en vez de en una venta perdida.

4 · Se guardan las finalistas y se comparan

Dos o tres capturas, una al lado de otra. Es la parte que más se usa: casi nadie decide mirándose de una en una, y el espejo no permite comparar dos monturas a la vez.

La aplicación

Pensada para el mostrador, no para un laboratorio

Seis decisiones de producto que salieron de ver a un dependiente usándola con un cliente delante, no de una lista de funciones.

El catálogo lo amplía la tienda

Añadir una montura es meter su modelo en la carpeta del catálogo: la aplicación la recoge en el siguiente arranque, sin pasar por nosotros y sin actualizar el programa. Una óptica puede tener en el probador referencias que no ha comprado nunca.

Capturas para comparar

Una foto por montura, en una tira que se ve de un vistazo. Es la función más usada del programa: casi nadie decide mirándose de una en una, y un espejo no permite ver dos monturas a la vez. Los archivos se guardan en el disco de la tienda, no en un álbum en la nube.

Sin subir la cara a ningún sitio

La malla facial se calcula en el equipo de la tienda y se descarta al cerrar. No hay identificación biométrica, no se guarda ningún patrón de rostro y no hace falta consentimiento para tratar datos que no se llegan a almacenar. Se comprueba desenchufando la red: sigue funcionando igual.

Arranca con doble clic

Aplicación de escritorio empaquetada. Sin instalar servidores, navegadores ni dependencias en el ordenador de la óptica.

Ajuste manual

Cuando una cara se sale de lo común, el dependiente puede corregir la posición a mano en un segundo, sin pelearse con el sistema.

Qué se prueba y qué se vende

El registro separa las dos cosas, que no son la misma: hay monturas que todo el mundo se prueba y nadie compra. Con esa diferencia sobre la mesa, la óptica decide qué merece sitio en el escaparate y qué pedir al proveedor.

Lo que aprendimos

Que esté bien puesto no basta: tiene que parecer real

Un sistema puede colocar la montura en el punto matemáticamente correcto y aun así parecer una pegatina. Lo que convence es otra cosa.

La estabilidad importa más que el acierto

Unas gafas que vibran un milímetro por fotograma se ven falsas aunque la posición media sea exacta. Suavizar la señal mejoró más la percepción que afinar el detector.

Las patillas cambian todo

Mientras la montura era plana, parecía superpuesta. En cuanto las patillas pasaron por detrás de la cabeza, empezó a parecer que estaban puestas de verdad.

El dependiente tiene que poder corregir

Ningún sistema acierta con todas las caras. Dejar un ajuste manual a mano convirtió los casos raros en una molestia de dos segundos en vez de en una venta perdida.

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Tres sectores, un mismo motor